Que delicioso poder trabajar en aquel lugar tan desgastado
por los años, oler aquel aroma de pan artesano recién sacado del horno, que le
sabía tan parecido al que amasaban en a aquella casita blanca, en aquel pueblo
entrañable, al cual acudían todos los meses de septiembre durante su niñez.
Todos los años al llegar al pueblo, lo primero que visitaban
era aquella estancia, cálida, al igual que todos los habitantes de el pueblo,
se convertía en un momento auténticamente inspirador, en el que el olor del
horno de leña y el inconfundible sabor de las hogazas de pan, deslizaban por su
mente un sinfín de historias, de mujeres amasando el pan y cantando a la vez
que cuidaban de sus familias, en otra época en otro siglo, en el que todo
aquello formaba un ritual mágico perfecto.
-¡Buenas tardes señor! ¿Que tal está? ¿Qué le sirvo hoy?
-¡Buenas tardes! Bella señorita, estoy muy bien… o ¿le
cuento?
El olor a madera que él desprendía al pasar por la tienda,
era un modo fácil de viajar en el tiempo. A aquellas largas semanas de verano,
en las que no salían de vacaciones, en medio de un calor ingobernable, entre
polución y clima seco e irrespirable… Aquellas temporadas, las recordaba entre
nostalgia y aversión, porque en estos momentos la casa se revestía nueva, bajo
las manos atentas de su padre, un hombre muy distante, salvo por algunos ratos
en los que se relajaba y narraba las aventuras de su niñez o de su
adolescencia, ¡eran tan divertidos! Por otro lado, eran los años que le
privaban de ir junto al mar, aquel mar azul, tan vivo, tan parecido a ella,
auténticamente eterno.
El mar ha provocado tantas historias: de amor, desamor,
tristeza, alegría…y otras tantas melancolías infinitas.
-Póngame un trozo de aquel bollo de pan tan jugoso, y un
poco de ese pastel ruso, parece delicioso.
Desde su nacimiento,
su conexión con el mar era intima y profunda, su cercanía la embargaba por
completo. Una sensación de paz y de profunda felicidad, la conectaba con aquellos
tiempos. Sus primeros años de vida fueron en un pueblo muy cerca de una ciudad
costera, muy popular en su país, Benidorm, donde regresaban todos los años,
durante el mes de septiembre, hasta que sus padres decidieron aventurarse en
nuevos destinos, Málaga, La
Manga.. y otros tantos, pero siempre en la zona donde el agua
era más templada, la del mar mediterráneo.
Ahora, cada vez que aquel hombre pasaba por la entrada de la
puerta, con sus aires tan educados, su conversación sabia y experimentada, tal
vez, aquel aire seductor que todavía se entreveía en el azul intenso y oscuro
de sus ojos, ella quedaba pensativa, porque sentía con él algo parecido a
aquellas veces que veraneaban: la expectación de ver de nuevo el mar, de
sentirlo cerca, su olor, y la magia que ella podía tocar y acariciar aquel aire
rebosante de sal y sol… al mismo tiempo le recordaba aquellos veranos, en los
que el olor de madera, serrín y otros productos, impregnaban las estancias del
hogar, en los que veía como su padre con cariño y mucha paciencia, labraba las
puertas nuevas, los armarios y aquella ventana arco iris, que era tan
inconfundible, ya que él mismo la había diseñado y unía el salón con la cocina,
¡qué cómodo era comer ahora y montar la mesa! Ya no había que entrar y salir de
la cocina varias veces para traer, vajilla, fuentes, cubiertos, vasos…todo ello
le resultaba un tostón.
Cada tarde, esperaba que aquel misterioso señor, que cumplía
ya cerca de sesenta años… viniese a comprarle el pan. Se perdía en sus inmensos
ojos de mar, en sus historias tan hermosas y fascinantes, en su manera de
gesticular, tan diferente al resto de personas. A veces se tornaba cómico,
comentando historias de diferentes personajes que acudían a su taller de
carpintería, un lugar muy diferente del resto de talleres que ella había
conocido. La gente buscaba allí la paz… la inspiración, pero sobre todo, el
cariño de él y sus sabios consejos, o sus hazañas y experiencias de su andar
por el mundo. A menudo se quejaba, por que le perseguían tanto, que él cada vez
se sentía mas cómodo cuando llegaba a su hogar y se encerraba a tocar sólo, con
su querida guitarra, canciones que surgieran de sus momentos, sentimientos,
recuerdos…






